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Charly Nijensohn: El ciclo de la intensidad. Por Alfredo Visciglio volver
 

Charly Nijensohn: El ciclo de la intensidad

Por Alfredo Visciglio
 

Dentro del marco de la Bienal Sur, en el CCK, Charly Nijensohn presentó la videoinstalación El ciclo de la intensidad, filmada en Bolivia. 

¿En qué parte de Bolivia se filmó El ciclo de la intensidad?

Se filmó en el Salar de Uyuni, un lugar en el cual yo ya había estado hace 10 años en la época de lluvia y ahora fui en la época seca. Básicamente trabajamos en el crepúsculo y de noche, con las estrellas y la luz de la luna.

En tus trabajos predomina la inmensidad de la naturaleza y el paisaje terrestre. ¿Qué relación lo conecta con la silueta del hombre?

En mi trabajo siempre hay como una confrontación entre el universo y el hombre, y de alguna manera este hombre forma parte del universo. Este hombre habitualmente se encuentra solo y a la vez acompañado por otros grupos de gente que también está sola. Y es entre esta confrontación entre el universo y lo frágil del ser humano que yo encuentro mi discurso poético.

¿En qué otros lugares has trabajado?

En general yo trabajo en desiertos. Pueden ser distintos tipos de desiertos. Puede ser la línea de horizonte del agua en el Amazonas, en una represa donde inundaron gran parte del territorio amazónico y por lo tanto lo único que tenés de paisaje son árboles muertos sobre un horizonte de agua. También en desiertos de hielo, por ejemplo, los hielos continentales donde trabajamos en el año 2010-2011. Y básicamente estos trabajos comprenden quedarse en el lugar durante mucho tiempo. Mucho tiempo significa que las cosas cambian. Es decir, cuando llegamos, parecería que estar ahí es simplemente una repetición de lo mismo siempre y, sin embargo, llega un momento donde el espacio, el paisaje, se arrebata, y en ese colapso nosotros nos dejamos llevar.





¿Qué hay de nuevo en este trabajo que no tengan los trabajos anteriores?

Es muy difícil pensar qué es lo nuevo en cada uno de los trabajos, porque, de alguna manera, mi trabajo es casi una repetición permanente. Pero por más de que intento repetir, no puedo. Es como que repito un círculo en el cual siempre llego a un lugar diferente, y me muevo en esa confusión. De alguna manera son diarios de viaje, es decir, no sé qué es lo nuevo; creo que corresponde al tiempo poder fijar y hacer una lectura de cuál es mi trabajo. Yo no sé cuál es mi trabajo. Solamente tengo el impulso de seguir adelante. En ese impulso arrastro mi ser.

¿Qué podés contarnos de la música del trabajo?

Este trabajo empezó hace dos años y ya tiene dos partes. El ciclo de la intensidad comenzó en Jujuy porque Jujuy fue un lugar iniciativo, hace veinte años, en un trabajo de Ar Detroy que se llamó Un acto de intensidad. En este caso, veinte años después, internándonos en la noche y trabajando con gente de las distintas comunidades que viven alrededor del Salar. Para esto trabajamos con dos músicos. En el proyecto de Jujuy, que se realizó hace un año, trabaja Edgardo Rudnitsky haciendo la música, y en el proyecto de Bolivia trabaja Leandro Fresco. Y los dos trabajos se unifican en esta presentación en la Bienal Sur. 

Utilizando territorios que todavía quedan vírgenes, ¿cómo es el proceso de trabajo hasta llegar a la muestra? 

Mi trabajo me lleva a viajar por desiertos. Estos desiertos pueden ser conceptuales o reales. Seguro no son urbes, porque de alguna manera saco todo lo que distrae de la esencia del hombre. Para mí es importante dejar al hombre solo, porque la escénica de mi trabajo no es la naturaleza en sí misma sino la naturaleza del hombre. Entonces, para tener esa confrontación, necesito limpiar todo lo que sea accesorio. Mi trabajo se basa en viajar a estos lugares que son relativamente inaccesibles y en todo el proceso que lleva a ese pequeño logro que es llegar a ese lugar con una pequeña excusa, empezar a conectar con la gente del lugar, realizar pequeños trabajos de construcción o de extracción de materiales que nos sirven al proyecto. A partir de esos 15 ó 20 días iniciales donde esto empieza a funcionar, se va generando una especie de hermandad de trabajo con comunidades y con seres con los cuales, a priori, no tenemos casi ninguna relación, y ese encuentro es maravilloso porque son dos mundos diferentes que se cruzan. Me interesa ese encuentro de mundos.







En relación a este encuentro de mundos. ¿Podés destacar alguno que hayas vivido?

En el caso de los Hielos Continentales trabajamos con un equipo de rescate de alta montaña que es del Chaltén. Fue interesante trabajar con un grupo que tiene esa dedicación, ese servicio, y que tiene una unión muy especial entre ellos porque se dedican a salvar gente. También fue interesante cuando se hizo el trabajo en Groenlandia: ahí no había un idioma en común con la gente. Llegar a un entendimiento era realmente muy complicado, y aún así logramos hacernos entender y terminé con una uña de oso con un pedazo de carne y piel que todavía conservo. Groenlandia es maravilloso. Lo interesante es que es gente bastante aislada, no existen carreteras, por lo tanto todo se maneja con algún tipo de bote alrededor de la costa. Es realmente otro mundo. En este caso, la idea era poner gente flotando sobre fragmentos de icebergs. Para ellos eso es algo muy común, porque son cazadores, entonces llegan a algún punto con hielo y esperan ahí a cazar su comida, básicamente focas. Y siempre están armados: necesitan cazar para sobrevivir. 

¿Como es la post-producción de los trabajos?

Usualmente se hace un viaje a estos lugares extremos, lejanos, se pasa entre tres o cuatro semanas, se regresa (en mi caso, a Berlín, donde tengo mi centro de operaciones) y se post-produce el material con distintos colaboradores alrededor del mundo. Una vez que está listo, se muestra. Este proceso habitualmente puede tardar 10 meses. En el caso del proyecto de Bolivia que estamos realizando ahora, el corte se tuvo que realizar en cuatro semanas.

¿Cómo te gustaría denominar tu trabajo, o tu función, o el servicio que brindás a través del arte?

Es muy difícil nombrarse, y justamente lo interesante de esto es lo innombrable. Yo podría llamarme un navegante, podría llamarme un explorador. Tengo la sensación de que estoy un poco alejado del arte en sí mismo. El arte es una excusa a través de la cual me muevo a llegar a estas situaciones. Lo que me interesa es este proceso, más allá de la obra en sí, que puede ser fotografía, video, música. Mi arte es una excusa para vivir lo que vivo día a día. Yo no espero que la gente me devuelva nada. Hago lo que tengo que hacer porque es un impulso irracional que me lleva hacia adelante. No tengo explicación, y me parece bueno anclar en la idea de lo innombrable.



El ciclo de la intensidad - Bolivia (2017) 
Hasta el 20 de diciembre de 2017
CCK / Buenos Aires CCK, Sarmiento 151, CABA
Bienal Sur

Dirección de producción: Juan Pablo Ferlat
Camaras: Juan Pablo Ferlat, Emiliano Rico, Federico Lo Cascio

Musica: LEANDRO FRESCO
Dirección de drones: Ariel Riveiro

Con la participación de:
Andrea Gabriela Torrez Tordoya
Nathaly Alejandra Tordoya Valda
Paolo Augusto Tordoya Valda
Carol Mariana Tordoya Valda
Ruben Tordoya Virrueta
Jhimy Vargas Perez

+info: bienalsur.org



 
 
 
   
     
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