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Orilla: lo nuevo de Trocca & Pittaluga 

El chef argentino y el empresario gastronómico uruguayo abrieron el restaurante Orilla en Buenos Aires. Allá vamos, con la fantasía de hundir nuestros pies en la arena y abstraernos de la ciudad en una salida.

Por Caro Cerimedo

 

Tras más de una década de vivir en José Ignacio, Martín Pittaluga (uno de los propietarios de La Huella) se mudó junto a su familia a Buenos Aires. De este lado del charco lo esperaba Fernando Trocca, su vecino en el Este (Mostrador Santa Teresita se encuentra a solo unos pasos del mítico parador de Pittaluga) y su antiguo socio: la dupla ya tiene tres restaurantes en su haber. Todo estaba dado para seguir escribiendo una historia conjunta. Entonces, apareció un local fabuloso en Belgrano (a unas cuadras de donde hace 20 años abrieron Sucre), en la planta baja de un hotel boutique. Así, Fernando y Martín se encontraron en Orilla. Y como era de esperar, crearon otro éxito, que a semanas de inaugurar ya está instalado en el circuito porteño.





De la playa a la ciudad

Esto de hacer una versión urbana de un restaurante de mar no es nuevo para Pittaluga, que en 2016 lanzó una edición extranjera de La Huella en el downtown de Miami, en Brickell, que junto a Wynwood y Design District son las zonas que marcan tendencia. Entre el Barrio Chino y el revitalizado polo gastronómico de Bajo Belgrano, Orilla tiene los colores del océano y rasgos vegetales, con un mural de doce metros pintado por el dúo artístico que componen Raymundo Cohen y Claudia Mazzuchelli. La vajilla es hecha a medida por un artesano de Córdoba.



Las 4 W de Wipe

Where: dónde sentarse. Sí o sí hay que empezar en el bar, un espació más íntimo que el salón comedor, de una iluminación intrigante y perfecta. La carta de tragos es obra de Inés de los Santos y propone tragos de autor + clásicos con toques especiales. El aperitivo es Tremendo Dry Martini, con el botánico gin Monkey 47, vermut extra seco y hierbas frescas. For Paring? Crudo de pescado con jengibre, sésamo, lima y coriandro. Para los seguidores del Negroni, una interpretación "Pinche" con tequila Corralejo, bitter Campari, Martini Rosso y licor Ancho de Reyes.





What: qué pedir. Para comer hay que pasar a la sala principal, un espacio que estuvo toda la noche lleno. Para empezar, el plato que integran la suave y filamentosa burrata más el crocante de los puerros y verdeos a las brasas es súper equilibrado. De principal, me traslado a Punta del Este con una corvina negra a la parrilla, que después de pasar por el Josper (ese tipo de horno español que funciona a leña o a carbón) llega ahumadita. Los acompañamientos se eligen a parte, pedimos espárragos con Grebiche (una salsa emulsionada fría típica de la cocina francesa) y nos quedamos con ganas de probar el hinojo con olivas y naranjas. De postre, hay dos opciones que son un buen cierre para esta comida directa, sin vueltas innecesarias: flan con dulce de leche y tarta de limón. 

Para tomar, como en una comida playera, toda la noche nos acompañó el clericó que Inés de los Santos embotelló en Isla: un refrescante torrentes con cedrón y maracuyá en el primer ready to drink premium del mercado local. Este ejemplar reúne dos tendencias: el auge de las mezclas listas para tomar y la revalorización de bebidas tradicionales que habían caído en desuso, como el clericó y la sangría.







Why: por qué ir. El concepto de Orilla es simple, su única pretensión es ser accesible y responder con una buena relación precio-calidad a los tiempos de hoy. La calidad del producto y la mano del cocinero son las claves. Más la brisa cool que se respira en el ambiente.







Whom: quiénes lo hacen. La buena onda entre Trocca y Pittaluga data de hace más de tres décadas, desde que se conocieron en los restaurantes de Francis Mallmann. Una herencia que comparten y que se nota en la importancia que tienen los fuegos. 

Orilla
Lunes a sábados, mediodía y noche.
Montañeses 2585, CABA. 
Reservas: 4784 6900.



 
 
 
   
     
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