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Manzanita (sobre Steve Jobs y Apple) volver
 

Tras la muerte de Steve Jobs proliferaron en la web los homenajes en forma de manzanita intervenida. En muchas, el hueco de la mordida era reemplazado por el perfil del hombre clave de Apple, dejando una suerte de sello indeleble en el logo que lo hizo famoso. Pero los nerds de la informática saben que la manzana mordida encierra un homenaje previo, casi secreto. Es el que Jobs quiso hacerle a Alan Turing, pionero de la informática y puto avant la lettre.

Padre de la inteligencia artificial, padrino de la cibernética y abuelo de nuestras PC, Turing tenía novios, amantes y aventuras en una época en la que la homosexualidad era ilegal en Gran Bretaña. Una historia confusa con uno de esos chongos ocasionales lo lleva a la policía, que lo acusa de “indecencia grave y perversión sexual”. El juez lo condenó y le dio opciones: cárcel o arresto domiciliario, si aceptaba someterse a un tratamiento con hormonas femeninas tendiente a debilitar su libido torcida. Turing eligió la segunda opción. Resultado: trastornos en el sueño, ansiedad generalizada, mareos, aumento de peso. Como efecto colateral le crecieron un par de pechos redondeados. Y quedó impotente. Por si fuera poco: sufrió el escarnio público y perdió su trabajo como decodificador.

Pasados unos meses, Turing no aguantó más y decidió acabar con su vida. Se acordó de su cuento de hadas favorito, Blancanieves, y fue a comprarse una bolsa de manzanas. Volvió a su casa, eligió la más roja, la roció con cianuro y le dio un mordisco. Lo encontraron al día siguiente, en el piso, con la manzana mordida en la mano, la misma que Steve Jobs decidió colocar en el lomo de su primera Mac.

Mariano López
tw: @marianino



 
 
 
   
     
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